Recuento histórico de la banda Calvario – Cotacachi, 1994 – Presente PARTE I
La historia de Calvario comienza en junio de 1994, cuando cinco jóvenes cotacacheños de 15, 16 y 18 años se reunían con constancia y rebeldía en la casa del guitarrista del grupo. Allí, entre cables, amplificadores desgastados y sueños adolescentes, ensayaban sin descanso estilos musicales poco escuchados en la ciudad: rock alternativo, pop punk, metal y grunge, géneros que estaban marcando a una generación en el mundo y que ellos querían traer al norte del Ecuador.
Después de meses de preparación llegó el momento decisivo. En septiembre de 1994, durante las tradicionales Fiestas de la Jora, los jóvenes decidieron tomar rumbo hacia su primer escenario. Unas horas antes de presentarse, se bautizaron definitivamente con el nombre que los marcaría para siempre: Calvario.
El debut se realizó en el Coliseo Luis Mejía Montesdeoca, ante un público masivo de más de tres mil personas provenientes de diversas zonas del norte del país. Nadie imaginaba lo que estaba a punto de ocurrir. Cuando la banda salió al escenario, su presencia –camisetas leñadoras, chompas negras y una actitud desafiante– fue ya un choque visual en un ambiente acostumbrado a presentaciones tradicionales.
Pero el verdadero impacto vino con la música. Interpretaron con intensidad y autenticidad temas icónicos de Poppunk, Grunge y rock alternativo.
El efecto fue inmediato: los jóvenes en la multitud estallaron en gritos, saltos y ovaciones, pidiendo más y más canciones. Fue un momento inesperado y electrizante para Cotacachi. La banda fue tan aplaudida y celebrada que, tras finalizar la presentación, tuvieron que esconderse por unos días, hasta que “la locura” del público bajara.
El suceso no pasó desapercibido. Los periódicos de la provincia de Imbabura, con líneas editoriales conservadoras, reaccionaron con artículos críticos, señalando que “los tiempos han cambiado” y describiendo a la banda como personajes controversiales que rompían con la estética, la disciplina y la música tradicional del pueblo. La crítica hablaba de su “música estridente”, de su irreverencia y de su estilo “foráneo”, pero al mismo tiempo reconocía su impacto.
Curiosamente, lo que antes eran llamados despectivamente “los rockerillos satánicos”, empezó a transformarse en un reconocimiento distinto. La gente comenzó a hablar de ellos como músicos, como jóvenes que se habían atrevido a desafiar las normas y a traer nuevas expresiones sonoras a una ciudad históricamente formada por músicos tradicionales.
Con ese debut rompieron no solo esquemas musicales, sino también moldes sociales, confrontando el conservadurismo de la época y sembrando una semilla que marcaría a muchos jóvenes del norte del país.
Después de aquel lanzamiento incendiario, vinieron muchas más presentaciones. Con el paso de los años, Calvario comenzó a desarrollar su propio estilo, creando composiciones originales que mezclaban el rock y el metal con elementos ancestrales, una fusión única que conectaba la modernidad con la identidad cultural andina.
Hoy, en una época donde el Internet abrió las puertas a la globalización y derribó la desinformación que antes era controlada por los medios tradicionales, Calvario sigue firme. La banda continúa haciendo música con la misma esencia que los caracterizó desde aquel septiembre de 1994: rebeldía, identidad, fuerza y un profundo respeto por sus raíces.
Calvario sigue aquí, más vigente que nunca, fiel a su camino y a su sonido.
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